Introducción:
La originalidad constituye uno de los principios fundamentales de la producción científica. Sin embargo, la incorporación de programas informáticos para analizar documentos académicos ha generado una práctica cada vez más extendida: interpretar el porcentaje de similitud como si constituyera, por sí mismo, una prueba de plagio. Esta asociación resulta problemática porque la existencia de coincidencias entre documentos no necesariamente supone apropiación indebida de ideas o contenidos. La evaluación de la originalidad requiere considerar la procedencia de las coincidencias, la forma en que fueron incorporadas y, especialmente, si existe una adecuada atribución de las fuentes (Marcos Rodríguez et al., 2023, pp. 21–23).
Esta distinción es particularmente relevante para investigadores, docentes, estudiantes, revisores y editores científicos, porque una lectura exclusivamente numérica de los informes de similitud puede conducir tanto a falsas acusaciones de plagio como a la aceptación de prácticas académicamente cuestionables que presentan porcentajes aparentemente bajos.
Similitud y plagio: dos conceptos relacionados, pero diferentes
Uno de los primeros aspectos que debe aclararse es que similitud no significa automáticamente plagio. Marcos Rodríguez et al. (2023) explican que la similitud hace referencia a la presencia de semejanzas o coincidencias entre trabajos o ideas. Estas coincidencias pueden generarse porque diferentes investigadores utilizan fuentes comunes, estudian una misma problemática, trabajan con determinados conceptos o incluso llegan de manera independiente a planteamientos semejantes (pp. 21–22).
El plagio, en cambio, supone una condición diferente: existe apropiación indebida cuando se presenta como propio un contenido, idea o producción perteneciente a otra persona sin la atribución correspondiente. Esta conducta puede manifestarse mediante copia literal, paráfrasis sin reconocimiento de la fuente o apropiación de imágenes, gráficos, diseños u otros productos intelectuales (Marcos Rodríguez et al., 2023, pp. 22–23).
Esta diferencia parece sencilla, pero modifica completamente la manera en que debe interpretarse un informe de originalidad. Dos trabajos pueden compartir expresiones o referencias y no existir plagio; de manera inversa, también puede existir una apropiación indebida que no produzca necesariamente un porcentaje global elevado de similitud.
¿Qué detectan realmente los programas?
Las herramientas tecnológicas utilizadas en el ámbito académico funcionan fundamentalmente mediante la comparación de textos. Hurtado Tiza et al. (2023) señalan que estos programas emplean algoritmos y bases de datos para comparar documentos con fuentes disponibles en Internet, bases académicas y, en determinados casos, trabajos previamente almacenados. El análisis puede identificar coincidencias de palabras, frases, párrafos, estructuras, citas y referencias (pp. 30–31).
Esto permite comprender una diferencia fundamental: el software puede localizar una coincidencia textual, pero la interpretación académica de esa coincidencia constituye una tarea posterior. Los sistemas pueden indicar qué fragmento coincide, con qué fuente y en qué proporción, proporcionando información útil para orientar una revisión; sin embargo, el resultado tecnológico debe ser examinado dentro de su contexto (Hurtado Tiza et al., 2023, pp. 30–32).
Marcos Rodríguez et al. (2023) profundizan esta cuestión al señalar que estas herramientas pueden generar una puntuación o porcentaje de similitud que representa el nivel de coincidencia encontrado en un documento (pp. 113–114). El informe, por tanto, constituye un recurso para localizar segmentos que requieren revisión, no simplemente un número que deba interpretarse aisladamente.
El porcentaje no debería convertirse en sentencia
Probablemente este sea el mensaje central de esta reflexión. Un porcentaje elevado de similitud merece revisión, pero no constituye automáticamente una demostración de plagio.
Marcos Rodríguez et al. (2023) advierten expresamente que las herramientas tecnológicas deben acompañarse de una evaluación crítica por parte del docente o evaluador, debido a que no todas las similitudes detectadas necesariamente indican plagio. Por ello, los resultados necesitan ser revisados y contextualizados antes de adoptar decisiones académicas o disciplinarias (pp. 130, 133–134).
Este planteamiento cuestiona una práctica frecuente en algunas instituciones: establecer un porcentaje determinado por ejemplo, 10 %, 20 % o 30 % y asumir que todo documento situado por debajo del límite es automáticamente original y todo documento que lo supera constituye plagio.
Los libros analizados no proporcionan fundamento para establecer un porcentaje universal que permita diagnosticar automáticamente el plagio. Por el contrario, sostienen la necesidad de analizar las coincidencias y su contexto. Sin embargo, resulta fundamental realizar un análisis exhaustivo del informe de similitud generado por el software antes de emitir una valoración definitiva respecto de la existencia o no de posibles casos de plagio.
Entonces, ¿qué debería observarse en un informe?
La interpretación debe desplazarse del simple “¿cuánto coincide?” hacia una pregunta más relevante: “¿qué está coincidiendo y por qué?”
Por ejemplo, determinadas coincidencias pueden encontrarse en referencias bibliográficas, denominaciones institucionales, términos técnicos, conceptos ampliamente utilizados o contenidos correctamente citados. Otras, en cambio, pueden mostrar fragmentos extensos reproducidos sin reconocimiento del autor. Precisamente por ello, Marcos Rodríguez et al. (2023) sostienen que las coincidencias deben contextualizarse antes de concluir que constituyen plagio.
La revisión humana también puede considerar citas, referencias, cambios abruptos de estilo, coherencia del documento y correspondencia entre las fuentes declaradas y el contenido empleado. Hurtado Tiza et al. (2023) destacan que, además de los programas informáticos, la detección puede apoyarse en procedimientos manuales como la revisión de citas y referencias, la comparación del estilo de escritura y el análisis de la estructura y contenido del trabajo (p. 32).
Así, el software debería entenderse como una herramienta para orientar la evaluación, no como un sustituto de la capacidad de juicio del investigador, docente, tutor, revisor o editor.
Citar no es un trámite: es reconocer la autoría
La prevención del plagio comienza mucho antes de someter un documento a un software. Hurtado Tiza et al. (2023) sostienen que la citación permite reconocer la contribución intelectual de otros autores, identificar las fuentes originales y ofrecer al lector la posibilidad de comprobar la información empleada (p. 38).
La misma lógica se aplica a la paráfrasis. Cambiar las palabras de una fuente no transforma automáticamente una idea ajena en una idea propia. Cuando se reconstruye mediante palabras propias el planteamiento desarrollado por otro autor, sigue siendo necesario reconocer su procedencia (Hurtado Tiza et al., 2023, pp. 52–56). Los autores enfatizan precisamente que la paráfrasis académica mantiene el significado esencial de la fuente y requiere su correspondiente atribución.
Por tanto, una escritura científica original no significa escribir sin apoyarse en otros investigadores. La ciencia se construye sobre conocimiento precedente. La originalidad consiste también en saber integrar, contrastar, interpretar y discutir adecuadamente ese conocimiento, diferenciando con claridad las contribuciones ajenas de las propias.
De detectar plagio a promover integridad científica
Una perspectiva exclusivamente punitiva puede reducir toda la discusión a encontrar infracciones. Sin embargo, ambos textos permiten adoptar una mirada más amplia.
Hurtado Tiza et al. (2023) proponen fomentar una cultura de originalidad vinculada con creatividad, pensamiento crítico, producción de nuevas perspectivas y responsabilidad académica. Desde esta perspectiva, promover la originalidad contribuye tanto a reducir el riesgo de plagio como a mejorar la calidad y credibilidad de los trabajos académicos (pp. 68–69).
De manera coincidente, Marcos Rodríguez et al. (2023) consideran el plagio como un fenómeno complejo cuya prevención requiere combinar educación, herramientas tecnológicas, políticas institucionales, habilidades de escritura y promoción de la integridad académica. La tecnología, por tanto, constituye solo uno de los componentes de una estrategia más amplia orientada hacia la producción responsable del conocimiento.
Conclusión:
Evaluar la originalidad de un trabajo científico exige mucho más que observar un porcentaje. Los informes de similitud pueden aportar información valiosa para localizar coincidencias y examinar el uso de las fuentes, pero sus resultados necesitan interpretación académica. Una coincidencia textual constituye un dato; determinar si esa coincidencia representa plagio requiere analizar la atribución, la fuente, la extensión, el contexto y la manera en que el contenido ha sido incorporado.
Por ello, el desafío para las universidades y comunidades científicas no debería consistir únicamente en establecer porcentajes máximos de similitud. Resulta más relevante formar investigadores capaces de citar correctamente, parafrasear con rigor, reconocer las contribuciones intelectuales precedentes y desarrollar una escritura verdaderamente crítica y original. La tecnología puede ayudarnos a mirar la originalidad bajo la lupa; el juicio académico sigue siendo imprescindible para comprender lo que estamos observando (Hurtado Tiza et al., 2023; Marcos Rodríguez et al., 2023).
Referencias:
Hurtado Tiza, D. R., Jara Córdova, O., Cáceres Huambo, A., Gutiérrez Gayoso, G., & Yanowsky Reyes,
- (2023). Cómo evitar el plagio académico: Guía práctica para estudiantes y docentes. Instituto Universitario de Innovación Ciencia y Tecnología Inudi Perú. https://doi.org/10.35622/inudi.b.096
Marcos Rodríguez, M. A., Quiñones Negrete, M. M., Arias Gonzáles, J. L., Merino Quispe, I., & Martel Carranza, C. P. (2023). Plagio académico: Comprender, prevenir y abordar. Instituto Universitario de Innovación Ciencia y Tecnología Inudi Perú. https://doi.org/10.35622/inudi.b.099
Información Adicional:
Diana Mercedes Romero de Benítez, Investigadora. Magíster en Metodología de la Investigación Científica. https://orcid.org/0009-0006-2341-4558

